¿Por qué existe tanta maldad?

¿Por qué existe tanta maldad?

La maldad que actualmente domina a muchos individuos es como un arpón venenoso que añade un dolor innecesario a nuestra corta y frágil existencia. A diario nos enteramos de hechos que causan alarma y conmoción. Tal parece que conforme avanzamos en el tiempo, la maldad se apodera de más individuos y grupos. Realmente, no hay lugar en el mundo que esté exento de crueldad y violencia. ¿Es verdaderamente evitable la maldad? ¿Quién tiene la culpa? ¿Qué podemos hacer personalmente cada uno de nosotros para combatirla?

Formas de maldad extrema

Los actos terroristas de grupos radicales (como el Estado Islámico/ISIS en Irak y Siria; Sendero Luminoso en Perú; FARC en Colombia; ETA en España y Francia). Los homicidios acompañados de tortura del crimen organizado (como los cárteles del narcotráfico en México). Las agrupaciones de vándalos sanguinarios (como la Mara Salvatrucha en El Salvador, Guatemala y Honduras). Los genocidios de parte de gobiernos contra sus propios ciudadanos (cometidos en cualquier lugar del mundo). Las bandas de secuestradores presentes especialmente en países de América Latina, que raptan a personas para obtener grandes cantidades de dinero… son sin duda alguna los actos más sobresalientes de maldad. El común denominador en estos casos es la crueldad y la violencia extrema.

También perturba saber que hay individuos y bandas de criminales que esclavizan a personas para hacerlas trabajar durante jornadas agotadoras, para explotarlas, para venderlas, para traficar con sus órganos, o para prostituirlas por la fuerza (trata de personas).

Es bien sabido que el consumo de marihuana, cocaína, heroína, morfina, fenciclidina —cualquier sustancia estupefaciente— ha jugado un papel importante en la consumación de hechos atroces. No ha sido extraño que muchos criminales hayan cometido actos sanguinarios bajo el influjo de las drogas. Debido a que estas distorsionan gravemente la percepción de la realidad, muchos han asesinado, han golpeado gravemente, han cometido abusos sexuales, sin que el infractor perciba la gravedad del acto cometido. Por tanto, debemos evitar el consumo de drogas. Son destructivas, pues, además del colapso progresivo que provocan al sistema inmunológico, han servido de impulso a muchos para practicar la maldad; no existe ningún beneficio en su ingesta recreativa.

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Es lamentable que haya personas que hagan alarde de consumir drogas, como si estas los convirtieran en “súper humanos” o en “individuos demasiado extraordinarios”. Quienes se jactan de drogarse aunque sea ocasionalmente como si estuvieran consumiendo el “elixir de la inmortalidad”, olvidan que el narcotráfico es un negocio de crueldad y extrema violencia, porque es sólo a través de los cárteles del narcotráfico como pueden obtenerse todos esos estupefacientes. Si tú consumes drogas, contribuyes al fortalecimiento de los cárteles del narcotráfico. Si tú consumes drogas, fomentas la maldad, pues el mundo del narcotráfico es un mundo de homicidos sanguinarios: decapitados, desmembrados, descuartizados, desollados, mutilados… un mundo de perversidad. ¿Quieres esto para ti o para tus seres queridos? ¿Has pensado que los narcomenudistas —a quienes les compras drogas— son empleados de los cárteles del narcotráfico? ¿Te horroriza la crueldad existente en los cárteles del narcotráfico, pero no tienes problema en consumir las drogas que ellos producen?

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La maldad en la política

No deja de ser altamente perjudicial la corrupción que prevalece en la política y en aparatos gubernamentales, donde servidores públicos roban el dinero del erario para enriquecerse sin importarles el quebranto que provocan a las finanzas públicas o el agravio que causan a la población; o cometen otros actos de corrupción para favorecer a poderosos empresarios a cambio de grandes sumas de dinero.

Cualquier gobernador, alcalde, presidente, diputado, senador, delegado, ministro, secretario de estado, magistrado, síndico, etc., que roba o desvía dinero del erario público es un delincuente dominado por una maldad extrema. ¿Por qué? Porque estos sátrapas roban el dinero de cientos de miles de ciudadanos que pagaron impuestos con el esfuerzo de su trabajo; muchísimo más que un ladrón que asalta personas o casas. Para un político ladrón robar 1 millón de dólares es una ínfima cantidad; prefieren robar por decenas, centenas o hasta por miles de millones de dólares.

¿Cómo puede indignarse un político sobre la delincuencia que existe en su población si él mismo comete actos graves que ameritan prisión? ¿Cómo va a combatir la delincuencia si él mismo la practica? ¿Cómo los ciudadanos van a sentirse impulsados a practicar el bien si sus políticos —que deberían ser ejemplares en todo ámbito— se comportan como criminales de estado? ¿Cómo puede atreverse un político a condenar el homicidio si éste asesina a quienes, ejerciendo libertad de expresión, critican las malas andanzas de los políticos? Como efecto dominó, los ciudadanos también cometerán graves actos de maldad, pues la clase política, en lugar de ser ejemplar, encabeza los peores casos de maldad extrema.

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Y lo peor de todo es que parece no haber castigo para algunos de estos delincuentes que hacen de la maldad algo cotidiano. No se inmutan; viven felices; parece que perdieron la conciencia. Ante la impunidad y la injusticia, ¿deberíamos optar por la anarquía o unirnos a un grupo de insurrección? De ninguna manera.

La parte que te corresponde a ti

Los ciudadanos de cualquier país tienen el derecho de exigir a sus gobernantes que combatan la maldad y que haya castigo para quienes la practican. Es cierto que a estos les corresponde dar seguridad a la población. Sin embargo, algunos casos de maldad pueden ser impredecibles y surgir espontáneamente, algo que escapa a la logística de cualquier institución de seguridad.

No puede haber un policía en cada esquina, o un policía para cada persona. Las cámaras de videovigilancia sólo observan lo que sucede en las calles, no al interior de las viviendas. No podemos esperar que las instituciones de seguridad hagan parte de lo que nos corresponde a nosotros.

Es precisamente aquí donde a ti te toca aportar tus cualidades para que tu entorno sea mejor. Si quieres paz y seguridad en tu comunidad, empieza por ti mismo: no robes, no seas violento, no consumas drogas, no calumnies a nadie, no esparsas falsos rumores, no humilles a nadie. No seas parte de la descomposición social que tanto criticas.

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Aún así, pueden surgir preguntas como estas: ¿Por qué hay individuos que tal parece gozan destruyendo a los demás? ¿Por qué esa falta de empatía que hace que no sintamos el dolor de nuestro semejante? ¿Has olvidado que nuestra existencia es corta y cargada de problemas para que encima dañes gravemente a tu prójimo?

La verdadera causa de la maldad

La respuesta es sencilla: Casi nadie aplica las enseñanzas de Jesucristo en sus vidas. Este hombre tan sabio predicó un mensaje maravilloso revestido de sabiduría divina. Algunos pensarán que él nunca existió; otros dirán que Su mensaje es obsoleto; otros sentirán vergüenza decir que leen los evangelios y preferirán leer la literatura de escritores famosos contemporáneos.

Sin importar cuál sea tu posición, yo puedo asegurarte que si lees y meditas en las palabras de Jesús en los evangelios, verás que en él está la clave para combatir la maldad. Él exaltó cualidades como el amor, la honradez, la mansedumbre, la búsqueda de lo espiritual; y se pronunció contra la avaricia, la violencia, el homicidio, la altanería y la hipocresía religiosa.

Por desgracia, hay quienes consideran a las personas que hacen de la bondad un estilo de vida como “débiles mentales”, “tontos” o “antisociales”. Pero no es así. La bondad no es sinónimo de debilidad. Es sinónimo de ir por la vida sin hacer ningún daño a nadie. Los hombres y mujeres bondadosos están lejos de ser antisociales, pues procuran el bien para su comunidad. Lamentable es el pensamiento de que ser “malos” o “un poquito malos” hace a los seres humanos más interesantes, más deseables, como si la maldad fuera la sal de la vida. Afortunadamente, tenemos el ejemplo del hombre más grande la historia, Jesucristo, el cual hoy está vivo, quien en sus días de humano en la Tierra fue un hombre bondadoso, y nunca practicó la maldad ni al más mínimo grado.

La bondad no es sinónimo de debilidad

Hoy muchas personas son egoístas, sólo piensan en sí mismas, y esto conduce a la maldad. La avaricia los lleva a matar, a veces despiadadamente. El amor al dinero los hace robar, una y otra vez, grandes cantidades de dinero. No les importa el daño que causan a los demás. Olvidan que la existencia humana es corta y futil, y peor aún: olvidan que el Dios Todopoderoso los observa y que de ninguna manera podrán escapar del castigo tan severo que les tiene reservado.

Si el mundo hoy se está ahogando en la maldad, es porque la mayoría ha olvidado a Jesús. Y de los que dicen creer en él, no lo demuestran con hechos. Nuestro mundo decadente sería muy diferente si todos nos preguntáramos en cada decisión difícil: ¿Qué haría Jesús en mi caso?

Que haria jesus en mi caso

No hagas a los demás lo que no quisieras que te hicieran ti

 No dañes a tu prójimo

El que a hierro mata a hierro muere

vencer el mal con el bien romanos 12:21

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2 comentarios en “¿Por qué existe tanta maldad?

  1. Por que existe tanta maldad? Por que Dios en su palabra dice que el altanero y el soberbio Dios los ve de lejos y nadie busca los bueno…estamos en los últimos tiempos….y la maldad crecera…!!!

  2. Respondo a tu pregunta con una frase que seguramente poca gente admitirá, sobre todo si se relaciona con la religión:
    La maldad existe por la prevalencia de la ignorancia.
    La ignorancia provoca agresividad para que no quede descubirerta, la igonrancia es una forma de control pues elimina la capacidad de raciocinio, es fácil llenar las cabezas repitiendo cosas que no son ciertas, la verdad se cubre con ignorancia saturando los sentidos, las emociones ciegan la mente.
    Si analizas quién se beneficia con la maldad, descubrirás sucios negocios, ocultos poderes y muchos enfermos megalómanos.

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